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Competencias de liderazgo para abogados: ¿Se nace o se hace?

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Conocimientos, idiomas, empatía, gestión del tiempo, capacidad de comunicación y negociación, búsqueda de información y resolución de conflictos o habilidades tecnológicas. Estas son algunas de las competencias que se presume que debemos tener los abogados más allá de las competencias técnicas (derecho procesal, derecho sustantivo, doctrina, jurisprudencia) y estar, por supuesto, actualizados en los cambios.

Pues bien, hoy día no basta con destacar en las competencias curriculares para sobresalir y diferenciarse del resto de letrados. Hay que ir más allá de un contexto meramente académico porque el mundo del Derecho, no solo el nuestro, se está transformando y surgen nuevos paradigmas y tendencias que debemos asumir: nuevos modelos de ejercicio como interim managers, abogados in company o out company, directivos legales part time. Así como nuevas temáticas: compliance, nuevas tecnologías, protección del medio ambiente, justicia supranacional o globalización por poner algunos ejemplos.
De la misma manera que evoluciona la tecnología, los modelos de negocio en el sector legal cambian y para ello debemos estar preparados. Lo demandamos y nos lo demandan al mismo tiempo.
Por ello, hoy día, exigirnos que seamos competentes en el uso de las nuevas tecnologías no es suficiente. Actualmente, damos un paso hacia adelante y hablamos de 3 grandes competencias para liderar el mercado como profesional del sector legal: habilidades comerciales, liderazgo y excelencia técnica.

De estas competencias imprescindibles vamos a centrarnos en las competencias de liderazgo.

Dirigir un bufete no es tarea fácil, tengas equipo o no, y hay que prepararse previamente. No podemos olvidar que un despacho es una empresa, y como tal debes contemplar las áreas de administración, financiera, de personal, comercial y técnica. La mayoría de los despachos se centran en las dos últimas y además mezclan sus contenidos, lo cual acarrea graves problemas de productividad y gestión del tiempo: el talón de Aquiles de los despachos de abogados. La formación curricular no es suficiente, es fundamental contar con habilidades y experiencia. No renovarse hoy día es estar abocados al fracaso sin olvidarnos de que también debemos adaptarnos a los cambios constantes y evolucionar, aprendiendo más de los errores que de los aciertos si me apuras.

Para muchos de nosotros, ser socio de un bufete es el sueño de nuestra vida. Si bien antes influía la trayectoria profesional, hoy no basta. Como decimos, hay que contar con ciertas habilidades y competencias que nos hagan diferenciarnos del resto de letrados.

Competencias necesarias para liderar un despacho

La labor comercial es básica para un abogado, de hecho, en los grandes despachos, el paso de asociado a socio lleva aparejada una competencias de visibilidad y comunicación que nada tienen que ver con las que se necesitan para ser buen técnico jurista. Ser socio de un prestigioso bufete de abogados implica a su vez ir con una cartera de clientes golosa bajo el brazo. Estas habilidades se adquieren con entrenamiento.

A menudo, trabajo con mis clientes técnicas para modernizar los despachos, captar clientes, gestionar conflictos con clientes o socios, o estar prevenidos ante los cambios del sector para hacer frente a un negocio, delegar o coger las riendas del mismo mediante una sucesión del despacho.

También es conveniente salir de nuestro círculo más local y aprender a movernos en ambientes multiculturales. No es necesario decir que los idiomas son un plus.

Ser directivo supone conocerse a uno mismo para poder conocer cómo se relacionan los demás. Es fundamental hacer un gran trabajo de introspección, acoger lo bueno y lo malo para reforzarlo. Aquí no basta el típico diálogo interior con uno mismo para reconocer las 3 “malas” cualidades y las buenas. Cuando trabajamos el liderazgo personal detectamos las “debilidades fatales” pero nos volcamos en mejorar las fortalezas para hacerlas excelentes. Por ello, nunca vendrá mal tener buenas dosis de humildad. De esta manera, podremos identificar mejor los objetivos del bufete y no dejarnos llevar por nuestros intereses personales.

Trabajamos con más personas a menos que seamos lo suficientemente capaces y autónomos de llevar nuestro propio negocio. Por ello, para demostrar confianza en nuestro bufete hay que saber delegar y permitir dejar al resto que sean responsables de sus propias tareas. Con mis clientes suelo realizar un trabajo de discernimiento y determinamos qué tareas son más delegables que otras. Es necesario contar con personal especializado en las funciones que necesitas delegar. Alrededor del 50 % de las funciones en un bufete son administrativas, no olvides que un paralegal puede ser un valor excelente para tu despacho.

¿Sabemos comunicar? Hablo de una comunicación verbal (tanto oral como escrita) y, por supuesto, no verbal, si cabe la precisión, pues hasta el silencio es comunicación. Si dominamos la escucha activa, sabremos conocer y dejar hacer a nuestro interlocutor, lo que será necesario si queremos que fluya la comunicación.

Ahora me gustaría detenerme en una competencia que se ha puesto muy de moda en los últimos años aunque es objeto de estudio desde los años 70: la resiliencia. Debo decirte que puede llegar a resultar muy difícil. Vamos a empezar buscando una definición de la mano de la RAE: “capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos”. Aplicamos la resiliencia cuando nos encontramos ante situaciones de estrés, cuando hay que entregar tareas de un día para otro o “para ayer”, cuando no llegamos con nuestros casos o cuando nuestros clientes nos exigen 24-7. La resiliencia está muy relacionada con la angustia, estrés e incertidumbre.
Detrás de la RAE hay un mensaje claro “o te adaptas o no tienes nada que hacer”. Sin embargo, ser resiliente implica afrontar las situaciones de una manera más resolutiva con independencia de los factores de riesgo que puedan provocarnos angustia, estrés o miedo. No es algo que se consiga de la noche a la mañana, es una competencia que hay que trabajar a diario de la mano de profesionales.

Para tener cualidades de liderazgo hay que saber influenciar positivamente a los demás y conducirlos hacia el bien común del bufete. La motivación y el compromiso diarios son pilares fundamentales para trabajar con nuestro equipo si queremos llegar a ser los mejores directivos pues no es lo mismo ser líder que jefe. Es importante que acompañemos, instruyamos y entrenemos a nuestros compañeros de camino.

Muchos expertos sostienen que las habilidades son innatas. Discrepo en cierta medida porque ni el monje hace al hábito ni el hábito al monje. Hay que querer tener dichas competencias y practicarlas, trabajarlas, mejorarlas y, en definitiva, crearlas. Por eso, reunirnos de personas con pensamiento crítico, creativas y que estén en constante movimiento nos resultará más fácil.

No podemos quedarnos anclados con nuestro título de Licenciado/a en Derecho sin más. Considero que desde que nos levantamos hasta que nos acostamos tenemos que estar en movimiento, conocer a gente de nuestro sector, realizar sinergias profesionales y participar en todo lo que podamos y que esté relacionado con el sector legal para mejorar nuestras competencias; trabajar nuestra autoestima y confiar en uno mismo y en los demás.

No podemos olvidar que el liderazgo no es una competencia sino un estilo de vida. Un modo de vivir basado en la proactividad y en una mentalidad positiva que atrae al éxito y que, como casi todo en la vida, se adquiere a base de entrenamiento.

Artículo publicado en la revista jurídica Economist & Jurist.

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